Corría. Corría ya que si no corría no habría mañana para él. Escuchaba los ladridos de los perros atrás suyo, los gritos de los hombres que lo perseguían, y la agitación de la gente del pueblo que había dejado atrás. Sabia que tenia que irse lejos, donde los rumores de que un bandido había matado al hijo del gobernador no llegaran, pero no creía poder escaparse de sus perseguidores.
Después de correr lo que el creía miles de horas, creía que desfallecería de cansancio, pero siguió, sabia que si lograba mantener el ritmo que estaba llevando solo un tiempo más lograría dejar atrás a sus perseguidores, pero los pulmones le escocían, la cabeza le dolía, y las piernas le temblaban, sin embargo, siguió. Cuando sus maltratados pulmones no soportaron más el ritmo, paro. empezó a caminar, pensando en su amada, que había muerto a manos de aquel pestilente y asqueroso ser al que había matado, de solo pensar en la atrocidad que había cometido aquel bárbaro, la sangre le hervía, y sentía como se le abultaba la sangre en el cerebro. Sin embargo se auto controlo, ya que no podía permitirse gastar energía en sentimientos. Se dio cuenta que ya había descansado suficiente, y empezó a trotar, un ritmo fácil de llevar, que no lo cansaría hasta que pasaran algo de distancia.
Con la cabeza despejada, no pudo evitar volver a recordar los hechos que había tenido lugar asía poco mas de una hora, imágenes de horro de su victima, la imagen se su amada en el piso, rodeada de sangre, el rostro de quien había dado por cerrado la investigación cuando, las pistas habían empezado a apuntar al hijo del gobernado, todas estas imágenes y muchas mas en las que recordaba haber estado junto a su amada provocaban que tuviera altibajos, primero sentía un enojo descontrolado, luego una tristeza que creyó que era casi infinita, después sentía una frustración que casi lo hacia desfallecer, y por ultimo sentía la melancolía mas profunda de la que era capas. Todos estos sentimientos e imágenes lo atormentaron durante todo su viaje.
Cuando llegaba el alba, una tormenta se divisaba a lo lejos en el este. Pensó en los problemas que le traería, ya que haría difícil su viaje, pero por otro lado pensó que borraría su rastro, y dejaría el olfato de los perros inoperante. Pero debía seguir, pensó que si llegaba al pueblo más cercano primero y podía comprar provisiones y una montura, tendría más posibilidades de escapar, así que cambio de dirección.
Cuando llego a el pueblo, le alivio mucho que no hubieran carteles pegados por todas las paredes con su retrato, se dirigió a la pulpería del pueblo y le pregunto a un dormido tabernero donde podía comprar un caballo y provisiones, este le respondió que el podía encargarse de todas sus necesidades por un módico precio, así que no perdió tiempo y compro todo lo necesario para su apresurado huida. Ya fuera del pueblo con su montura y con comida, se tranquilizo, y se dijo que esta pequeña hazaña que había echo solo era el comienzo, se iría lejos, intentaría reconstruir su vida, se confesaría en la primera iglesia que encontrara, ya que no confiaba en "el voto de confidencialidad" de los sacerdote, lo que era más, nunca confiaría en nadie más, ya que nadie fue lo suficientemente valiente para protestar y ni hablar de ayudarlo.
Lo que había echo lo había echo por el amor, un amor que todo ser humano debería recibir, aunque, esa clase de amor tiene dos problemas, pensó, el primero es conseguirlo, y el segundo es cuento te lo arrebatan. Con la moral destruida y cualquier noción que tenia de su ser hecha pedazo, emprendió el viaje hacia el vacío.
1 comentario:
Excelente final Joaco. Metele más al blog que tiene futuro.
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